Invisibles: las mujeres escritoras en el boom latinoamericano

Si alguien nos pregunta nombres del boom de la literatura latinoamericana enseguida diríamos Gabriel García Márquez, Julio Cortazar, Vargas Llosa, Carlos fuentes… icónicos escritores del realismo mágico, todos hombres ¿Las mujeres no escribían en aquella época? Por supuesto que lo hacían pero el machismo imperante en la sociedad, en las editoriales, entre los propios escritores y en los medios de comunicación, las asfixió para intentar relegarlas al olvido.

Afortunadamente, con el paso del tiempo,  y los estudios con perspectiva de género, algunas de aquellas mujeres a las que quisieron hacer invisibles están saliendo a la luz. Más vale tarde que nunca como dice el refrán así que aquí están algunas de ellas.

Clarice Lispectorde Brasileña, hija de refugiados ucranianos judíos. Mujer y madre escribía cuando podía; para ganarse la vida redactaba una columna, con seudónimo,  en la que daba consejos de belleza y cocina  aunque a ella eso le importara un pimiento y estaba mucho más interesada en encontrar esa palabra clave que llevarían a sus escritos más allá del lenguaje.

Elena Garro malvivió durante los últimos años de su vida, junto a su hija, su perra y un montón de gatos, en México. No tenía un duro, estaba enferma y pasaba hambre. La editorial Drácena promocionó su última reedición de su obra “Reencuentro de personajes” de la siguiente manera: “Mujer de Octavio Paz, amante de Bioy Casares, inspiradora de García Márquez y admirada por Borges”.  No sucedió en el siglo pasado sino en el año 2016. Fueron miles las voces que se alzaron contra esa frase machista que no veía a una escritora, sino una relación de una mujer con diferentes hombres insignes. La editorial retiró esa publicidad.

¿Hubiera promocionado un libro de Vargas Llosa diciendo: marido de la tía Julia, peleado con García Márquez y amante de Isabel Presley? lo dudo.

La mexicana Rosario Castellanos escribió poesía, novelas, ensayos y artículos. Sus escritos hablan de infancia desdichada, abortos, de la muerte de una hija y de su amor toxico. También habló de las mujeres en un mundo de hombres o de la opresión en Chiapas. Muchos la tildaron de provinciana.

María Luisa Bombal redactó una novela “la amortajada” dieciséis años antes que Juan Rulfo escribiera su famosa obra “Pedro Paramo”, una novela que convirtió al escritor en uno de los del boom latinoamericano; de ella quedó el recuerdo de su alcoholismo, sus intentos de suicidio y sus relaciones tormentosas. Su obra fue breve en extensión y se centró en personajes femeninos y su mundo interior. Sólo cuando han pasado casi veinte años desde su muerte los estudios de género están dando valor a su obra. Sin la novela de María Luisa no existiría la de Juan. Todos conocen la obra de Juan Rulfo, pocos la de María Luisa Bombal.

La escritora Silvina Ocampo publicó su primer libro en 1937, fue “Viaje Olvidado”; el ultimo, publicado póstumamente, en 2006 “Las Repeticiones”. Una gran cuentista se la conocía más por ser esposa de Adolfo Bioy Casares, amiga de Borges y hermana de Victoria Ocampo; afortunadamente su figura ha sido revindicada y está considera una de las grandes escritoras argentinas de siglo XX.

La colombiana Albalucía Ángel tuvo una fuerte implicación en el boom latinoamericano pero nunca estuvo dentro de él. Su obra más representativa es “Estaba la pájara pinta sentada en el verde limón”, su obra paso desapercibida, no recibió el apoyo de la crítica, ni de editoriales, que tuvieron sus colegas hombres, por lo tanto no tuvo mucho éxito comercial y, como otras muchas escritoras latinoamericanas de la época, es  una mujer  escritora olvidada.

La novelista Nélida Piñón ha sido reconocida en muchas ocasiones, y ha declarado, con sorna, que los hombres dicen no tener interés en lo que escriben las mujeres y prefieren decir que no las han leído; aunque lo que en realidad no desean es declarar públicamente su talento.

Vistos algunos sangrantes ejemplos no anda descaminada.

 

escritoras boom latinoamericano (2)

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El Booktrailer en la novela

Un booktrailer es un vídeo de corta duración, que al igual que un trailer de una película, intenta captar la atención, en este caso,  del futuro lector de una novela. Nacieron en el arduo mundo editorial digital donde numerosas obras salen al mercado, tanto de editoriales como de de autores autopublicados,  y es complicado que la obra destaque.

El técnica para su realización es sencilla: unir palabras e  imágenes mediante técnicas cinematográficas.  No hay reglas para el acabo final, en algunos se van pasando imágenes fijas con texto y música; otros tienen animaciones y en ocasiones son verdadera películas con actores y escenografías reales.  El limite es el presupuesto y la imaginación.

Lo que siempre se debe tener en cuenta es que un booktrailer debe atraer pero sin revelar nada y sobre todo debe crear la intriga necesaria para que el potencial lector compre el libro.

Algunos autores no dan demasiada importancia a esta forma de promoción, e incluso son contrarios a ella, personalmente creo que son un método excelente de marketing  y disfruto mucho creando el guión.

Booktrailer de EL LATIDO DE ÁFRICA

 

 

 

 

 

 

Piratas online a babor y estribor

Quieres leer una novela y comprarla en internet, tecleas el título en la barra de un buscador para localizar una librería donde comprarla y en los primeros puestos aparecen páginas de descargas ilegales donde te ofrecen, gratis, ese libro en diferentes formatos. ¡Por las barbas de Neptuno! No hay un solo sector de la industria cultural que se libre de ello: cine, series, música, videojuegos, software y, sobre todo, libros.

Los modernos piratas de Internet que administran páginas de descargas ilegales argumentan que los libros son caros, que la cultura tiene que ser libre, que no hacen nada malo porque ellos se encontraron el enlacen por Internet etc. ¡Perogrulladas! Ellos no son Robin Hood, el honrado ladrón que robaba a los ricos para dárselo a los pobres, por no tener no tienen ni el código del pirata que dice que el botín se reparte entre todos. Los modernos piratas digitales están ganando dinero con sus páginas que argumentan son “sin ánimo de lucro”; incluso algunos de esos portales tienen las siglas .org en su dominio que confunde a la gente al pensar que son organizaciones sin lucro o de código abierto.

Ellos consiguen beneficios económicos con la publicidad del sitio, cada vez con más anuncios y más páginas que emergen, algunas de dudoso gusto, y que te pueden conducir sin que te des cuenta a sitios maliciosos. Ten cuidado con las descargas porque pueden contener virus, malware, y que pueden cargar en tu ordenador códigos malos para la seguridad de tu equipo.

Otros piratas van más lejos y piden dinero para poder acceder a los contenidos argumentando la gran obra cultural que están realizando poniendo a disposición de los usuarios tantos libros. Incluso en algunos de los sitios ¡Pardiez! Piden que tu “subas los libros” para compartir con otros usuarios haciéndote miembro de su tripulación pirata aunque solo ellos se lleven el botín.

¡Ojo al parche!  La mafia pirata escondida en esas páginas no tiene ningún respeto por la industria cultural, no suben los libros para homenajear al autor o porque le ha gustado tanto que lo quiere compartir, para ellos son mercancía con la que están ganando dinero con la complicidad de todos aquellos que están descargándose la obra.

Que no te cuenten milongas con eso de que la cultura debe ser libre porque libre no es sinónimo de gratis. La libertad no tiene nada que ver con el derecho de cualquier persona a descargar contenido sin pagar. La cultura nunca ha sido gratis, el artista siempre ha cobrado por su trabajo, bien sea a través de mecenas, instituciones públicas, empresas privadas o vendiendo su trabajo y recaudando los derechos de autor que le corresponden.

Así que no les des “patente de corso” a esos piratas y no patrocines a esos pillastres en sus abordajes; aplícales el artículo del código del honor pirata que dice: El botín se repartirá uno a uno, por lista; pero si alguien defrauda o engaña, el abandono en una isla desierta será su castigo. Abandónales en la isla de la indiferencia, los creadores te lo agradecerán.

estadisticas de las descargas de una página
Página ilegal de descargas con estadísticas de “visitas” por país. Se esconden detrás           de una supuesta biblioteca digital.
piratas legales
Estos saben lo que hacen pero les importa muy poco.

 

piratas 2 como red social
Estos están alojados en Venezuela y se esconden detrás de una supuesta red social cuyo contenido se hace por el conocimiento de diferentes personas; no dicen en ningún momento que es sin el permiso de los autores. Además tienen la jeta de pedir donaciones para comedores escolares rurales y se presentan como una pagina solidaria. NO HE ENCONTRADO NADA EN INTERNET QUE CONFIRME ESE PUNTO, son simple y llanamente unos sinvergüenzas.
pagina pirata de google
El gran gigante GOOGLE aloja en su página de blogger  y con domino blogspot.com una página de descargas piratas. Además desde el blog puedes navegar a Google+ para seguir descargando novelas gratis. 

libros gratis 1

El círculo de las escritoras suicidas

Sea cual sea la opinión particular que cada persona tiene del acto de suicidarse desde el punto de vista literario este suceso se ha percibido como un novelesco gesto romántico. Unas veces los personajes son los que han precipitado su propia muerte y en otras ocasiones ese trance lo han vivido quienes los han creado. Las mujeres escritoras no han escapado de esa realidad, para ello han utilizado gas, las pastillas, el agua, un arma de fuego o una cuerda. Diferentes formas de morir para algunas de esas mujeres que están en la historia de la literatura.

Safo de Lesbos, amo tanto a hombres como a mujeres, dicen que optó por quitarse la vida después de un rechazo amoroso de un joven marinero. La forma que tuvo de hacerlo fue tirarse por un escarpado acantilado en la isla griega de Léucade. El agua, en este caso la de un río, también fue en elemento utilizado por Virginia Woolf, la escritora, que sufría de cambios de humor y depresiones, se llenó de piedras los bolsillos de su abrigo y se adentró en las aguas del Ouse para acabar con su vida.

Sylvia Plath,   después de hacer el desayuno para sus hijos y mientras estos dormían en el cuarto de al lado, abrió la llave del gas. No fue su primer intento de suicidio pero si el ultimo.  Su compatriota Anne Sexton, recibió el premio Pulitzer por su libro Live or Die, Vive o muere; su vida se terminó el día que se encerró en el garaje, puso el coche en marcha y se intoxicó al respirar  el  monóxido de carbono.

La mexicana Antonieta Rivas Mercado, fue actriz, mecenas, escritora, promotora cultural, defensora de los derechos de la mujer y activista política.  Después de separarse de su marido, y luchar por la custodia de su hijo,  mantuvo un romance con José Vasconcelos, el declive de su relación, y la persecución de su exmarido por haber secuestrado al hijo de ambos, la fueron minando poco a poco. Un día se vistió de seda negra, incluido sombrero, se dirigió a la parisina catedral de Notre Dame y en el interior del templo, con la pistola de Vasconcelos, se pegó un tiro en el corazón.

La poeta argentina Alejandra Pizarnik sufría crisis nerviosas, y aunque contaba con una fuerte personalidad, se dice que comenzó a tomar anfetaminas por problemas de autoestima y tartamudez. Internada en un hospital psiquiátrico, durante una de sus salidas, se fue a su apartamento y se preparó un cóctel de barbitúricos.  Su última frase: “No quiero ir nada más que hasta el fondo”.

Alfonsina Storni sufrió de depresiones y paranoia toda su vida, pero las crisis nerviosas se agravaron al descubrir que sufría cáncer de mama. Fue operada, pero Alfonsina se negó a tratarse después de la operación y se aisló por completo con la única excepción de su hijo.  Alfonsina se arrojó al mar desde un muelle en la madrugada. Su cuerpo fue encontrado horas después.

Una de las más destacadas poetisas rusas antes y después de la revolución, Marina Tsvetaeva, se casó con Yakovlevich Efron con el que tuvo tres hijos. La primogénita murió de hambre a causa de la Revolución; Marina jamás pudo superar el dolor que la muerte de su hija le causó. Las autoridades rusas la obligaron a exiliarse pero volvió de nuevo a Rusia donde su esposo e hijo fueron fusilados inmediatamente y su otra hija enviada a un campo de concentración. Sin fuerzas ni apoyo de nadie Marina se ahorcó en casa.  Su hija sobrevivió a la pesadilla y salió en libertad diez años después.

Violeta Parra escribió “Gracias a la vida” y poco después se quitó la vida de un tiro en la cabeza.  Se separó en dos ocasiones, y ya muy desilusionada, le llegó un amor loco con un músico suizo, Gilbert Favre, 18 años más joven que ella, pero tampoco salió bien. Dicen que los ojos claros de la canción eran los de él.

La italiana Antonia Pozzi uso también barbitúricos para morir, en la nota de despedida a sus padres habló de “desesperación mortal”, la familia negó la “escandalosa” circunstancia del suicidio, atribuyendo la muerte a una neumonía. La portuguesa Florbela Espanca también falleció con una sobredosis de pastillas mientras que la española Margarita Gil Roësset prefirió un disparo en la cabeza. En Italia  Amelia Rosselli se arrojó desde la ventana de la cocina de un quinto piso; la colombiana María Mercedes Carranza de quito la vida por una sobredosis de antidepresivos; la alemana Inge Müller que se suicidio con gas…

Mujeres creativas e inteligentes, libres y transgresoras, de diferentes edades y nacionalidades, con vidas apasionantes y amores, y desamores, al límite unidas eternamente porque de manera voluntaria todas quisieron ser silencio.

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Storytelling de la novela EL LATIDO DE ÁFRICA

Siempre me ha atraído el África subsahariana, tan cerca de nosotros y sin embargo tan misteriosa y agreste. Cuando tuve la ocasión de viajar a ese continente no lo hice como una turista que se aloja en hoteles de lujo, que también los hubo, y ve pasar los paisajes a través de un cómodo automóvil con aire acondicionado.  Soy una viajera, ávida de conocer y saber, que intenta integrarse en sus ciudades y entre sus gentes.

Mi primera toma de contacto fue desde el aire; ese África más allá de Sahara se percibe como una gran extensión verde sobre la tierra roja, pero de repente, esa tierra sedienta se ve salpicada por una de las mayores superficies de agua del continente africano, el rio Volta, con uno de los lagos artificiales más grandes del mundo y su espectacular presa de Akosombo.

Una vez que en tierra, al asomarte a la puerta del avión, respiras por primea vez la tierra africana; llega hasta ti un aire caliente que acaricia el rostro e impregna de un ardor seco los pulmones. Y al inhalar llega su olor,  huele a especias y humo, a fruta madura y dulces, a humedad y tierra seca.

El sonido también es diferente desde el estrépito de la caótica ciudad a la perezosa calma de los poblados que solo es capaz de romper algún gallo cantarín al amanecer, los niños de la escuela que recitan la tabla de multiplicar, o la fiesta alegre de los tambores. Lentamente África te embriaga y se mete en tu piel, y cuando recorres sus caminos de color sangre y hablas con sus gentes sabes que ya nunca la podrás dejar marchar porque después de sentirla, y olerla, África te atrapa hasta tal punto que cuando vuelves a la cómoda Europa descubres, sin pesar, que una parte de tu ser se ha quedado allí para siempre.

Llevaba unos diez días tierra africana cuando mi amiga y yo visitamos el fuerte de Elmina donde antiguamente agrupaban a los esclavos para llevarlos al nuevo mundo. Cuando salí de aquel fuerte, con el corazón encogido de rabia y dolor por las gentes que salieron de allí para no volver, me fui a dar un paseo por la playa. Recogí algunas conchas y rápidamente se acercaron a mí unos niños con conchas para que se las comprara. Lo hice.

Desde aquella playa, contemplando la blancura del fuerte, las grandes palmeras y la inmensidad de un mar infinito, le dije a mi amiga que algún día escribiría una novela sobre ese continente donde reflejaría lo que estábamos viviendo. El resultado es mi novela EL LATIDO DE ÁFRICA.

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Cuando las chicas escriben y publican con nombre masculino

Cuando yo aún no tenía biblioteca propia, y leía los libros que estaban en casa, cogí una novela titulada La Gaviota escrita por un tal Fernán Caballero. Cual no sería mi sorpresa al enterarme que ese “escritor” se llamaba en realidad Cecilia Böhl de Faber y que con esa novela abrió las puertas en España a la novela realista.

A mí que por aquel entonces ya me gustaba escribir, y soñaba con ver mi nombre en la portada de un libro, no comprendía muy bien eso del seudónimo y además masculino.

Luego me encontré con que George Sand era en realidad Aurore Dupin, una mujer que se vio obligada incluso a vestir indumentaria masculina para entrar en los círculos vetados a mujeres.

En una sociedad que rechazaba a mujeres que se dedicaban a labores intelectuales, tanto Cecilia como Aurore, lograron burlar el absurdo código que condicionaba su género en la literatura utilizando un seudónimo masculino. No fueron las únicas.

Las hermanas Bronte: Charlotte, Emily y Anne, también usaron nombres varones arropadas bajo el mismo apellido Bell: Curris, Ellis y Acton. La tuberculosis se llevó a Emily y Anne; solo después de su muerte Charlotte reveló la verdadera identidad femenina de los hermanos Bell.

George Eliot fue el sinónimo que utilizo la escritora Mary Anne Evan para que su trabajo fuera tomado en serio. Jane Austen publicó Sentido y sensibilidad con editor aunque asumiendo los riesgos, más o menos lo que ahora se conoce por auto publicación. La única pista sobre su autoría era que estaba firmada por: “By a Lady”. No fue hasta 1813 cuando su identidad salió a la luz, gracias a la popularidad de la obra y a la indiscreción familiar.

Incluso la autora de la célebre obra  “Mujercitas”, Louisa May Alcott, utilizó el seudónimo de A.M. Barnard ¿hombre o mujer? Para una serie de novelas, y relatos, donde tocaba temas “tan poco femeninos” como el adulterio y el incesto.

Algo similar le ocurrió a Caterina Albert, su primera creación literaria, titulada La infanticida,  le mostró de cerca fue el sexismo del mundo editorial de su época. Su obra fue duramente criticada debido al polémico tema que abordaba pero sobre todo por haberlo escrito una mujer.  A partir de entonces firmó con el seudónimo Víctor Catalá.

Sidonie Gabrielle Colette se casó a los veinte años con el escritor Henry Gauthier Villars, 15 años mayor que ella. Su brillante esposo no dudo en utilizarla como “escritora fantasma” y  firmar como propias una serie de novelas inspiradas en los recuerdos que ella tenía de su niñez y su adolescencia.

El siglo XIX fue intolerante con las mujeres escritoras y en el XX no mejoraron  demasiado las cosas. Escondiéndose detrás de iniciales, P.L. Travers,  escribió  Pamela Lyndon Travers, autora de Mary Poppins; y como J. California Cooper publicaba Joan Cooper sus obras teatrales y cuentos.

Incluso la escritora Nora Robert, superventas en el género romántica y suspense, ha utilizado el seudónimo de J. D. Robb para su incursión en la literatura de ciencia ficción. Joanne Rowling, publicó Harry Potter con el seudónimo J. K. Rowling, la editorial Bloomsbury creyó que los lectores más jóvenes no comprarían libros escritos por una mujer, así que amablemente le pidieron que utilizase dos iniciales y en lugar de su nombre de pila. Esta misma autora publicó como Robert Galbraith, su segundo libro para adultos, El canto del cuco, una novela de misterio que salió en 2013.

Aún en el siglo XXI algunas autoras utilizan siglas o nombres masculinos para publicar. El libro que revolucionó el género erótico, Las cincuentas sombras de Grey, uno de los más vendidos de la historia, fue escrito por una mujer Erika Leonard más conocida por el seudónimo de E. L. James. Magnus Flyte es el seudónimo masculino utilizado por el dúo de escritoras Meg Howrey y Christina Lynch, que han escrito dos novelas: City of Dark Magic  y City of Lost Dreams.

Un caso muy llamativo es de Jeremiah Terminator Leroy le bastó la publicación en 1999 de su primera novela titulada Sarah para convertirse en un icono de la movida cultural y artística neoyorkina. Sus libros autobiográficos, con drogas, prostitución y malos tratos, convirtieron al joven escritor en uno de los más populares y demandados. Sus apariciones públicas levantaban pasiones.

Un día se descubre que ese autor que se codeaba con las celebrities, el escritor superventas al que la crítica le comparaba con Faulkner, no existía. Todo había sido invención de Laura Albert, una mujer neoyorkina de 145 kilos con problemas de autoestima que escribía muy bien y decidió crear al escritor maldito. El personaje se hizo carne en la piel de su cuñada Savannah Knopp, que vestida con un look andrógino dio vida a J.T. Leroy durante unos cuantos años.

La sociedad que antes alabó a J.T. Leroy machacó a Laura Albert. Los escritos eran los mismos pero mientras al joven escritor fue ensalzado por la crítica a la autora la consideraron una timadora.

 

escritora

¿Por qué escribo?

Ya que este bloc de notas va de escritos y escritoras creo que la principal cuestión es explicar por qué escribo yo. No voy a dar demasiadas vueltas, fundamentalmente escribo porque me gusta, sencillo aunque no tanto. Escribir tiene una parte masoquista, son esas veces que me atasco o me doy cuenta que esos folios a los que he dedicado varias horas, en ocasiones muchas, son una autentica porquería; pero en vez de romperlos sigo sentada frente a la pantalla del ordenador para rehacerlos una y otra vez. Y no quiero ni acordarme de esos momentos de pánico en que, aunque lo intente con ahínco, mi cerebro sigue siendo una gran pantalla fundida a negro.

Claro que no todo es masoquismo y pánico.  Me encanta colocar una serie de personas, situarlas en un escenario y que hagan, y digan, lo que a mí me dé la gana sin llevarme nunca la contraria. Soy mandona ¡Que le vamos a hacer!

Además mis historias, si no las escribiera, morirán para siempre porque esas sí que son únicas, e intransferibles. No lo puedo permitir. Luego están esos personajes que solo viven si yo cuento su vida, no puedo dejarlos caer al vacío de la no existencia. Total, que al final unos cuantos folios, con un puñado de personajes, se han convertido en una novela.

Soy escritora.

Y como escritora que soy no quiero guardar esas páginas eternamente en un fichero del ordenador porque al final, no nos vamos a engañar, escribo, vanidad de vanidades, para que me lean. Me puedo lanzar a la aventura de la auto publicación, cada vez hay más plataformas on line que lo permiten, o buscar una editorial que considere que mi historia puede interesar y la publique.

Sea como fuera esas páginas en blanco que se llenaron de letras están ¡por fin! en el gran escaparate de Internet.

Soy una escritora publicada.

Atrás quedaron aquellos cuadernos escolares donde escribía historias irreales que yo hice reales. Las redacciones del colegio y aquel periódico fotocopiado en el que yo me creía periodista.

No recuerdo una etapa de mi vida donde no he contado historias. He escrito incluso antes de saber escribir. ¡No me iba a detener esa nimiedad! Así que me inventaba cuentos y los contaba oralmente.

Me he hecho mayor escribiendo.

Siempre he sido escritora, siempre seré escritora, porque escribo para respirar, para ahogarme,  para amar, para odiar, para reír, para llorar,  para vivir, para morir, para ser feliz, para estar triste, para estar loca, para estar cuerda.  En definitiva escribo porque existo.

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