Tula, una mujer en el movimiento romántico

Se llamaba Gertrudis Gómez de Avellaneda y fue una de las primeras mujeres en España que pudo vivir de su trabajo aunque  cuando  se la propuso para ingresar en la Academia Española, al igual que años más tarde le sucediera a Pardo Bazán, fue rechazada.  Caribeña de nacimiento, hija de padre español y madre cubana, novelista, autora teatral y poeta de la que sus contemporáneos decían que su apariencia era hermosa pero que se comportaba como un hombre ya que por aquellos días la cultura, la inteligencia, y mucho menos la independencia, no eran cualidades que debía tener una femenina. Por eso algún que otro exclamo con sorna, y para hacer el chiste fácil, “¡Es mucho hombre esta mujer!” con el beneplácito de sus colegas que le reían la gracia.

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Juana de Contreras la mujer que quiso ser heroína y no héroe

Últimamente se habla mucho del lenguaje inclusivo, de esa lengua menos masculinizada donde también tenga cabida el género femenino.  Hasta el momento han sido los hombres quienes han escrito, la mayoría de las veces dirigiéndose a otros hombres que los leían, y mostrando su perspectiva, del mundo y las cosas, como género masculino ya que lo femenino no contaba. Las mujeres que leían captaban esa esencia masculina como propia sin percatarse que se las estaba dejando fuera de juego.   

Escribir en español teniendo en cuenta los dos géneros es a veces complicado porque en esta lengua gramaticalmente hay dos géneros, masculino y femenino. La Real Academia de la Lengua incluye en el masculino a las mujeres, pero hay que tener en cuenta que la RAE es bastante machista en determinadas cuestiones y con algunas definiciones.

Hay quien piensa que este debate sobre la inclusión de lo femenino en el lenguaje es nuevo; craso error. Juana de Contreras, una humanista de la nobleza castellana y estudiante universitaria, se enfrentó, por carta fechada en 1504, a su maestro porque la gramática latina no contemplaba el género femenino. Juana planteaba, en contra de todas las reglas gramaticales y la opinión de su maestro, que deseaba referirse a ella con el apelativo heroína y no herios que es la forma correcta aunque se hable de la mujer.

Su maestro no está de acuerdo, y la segunda vez que Juana vuelve a insistir le contesta que lo que está en juego, cuando se ignora la diferencia sexual, son la cordura y la grandeza de las mujeres. Además, advierte, las reglas que normalizan, unificando espacios, se tragan espacios de libertad.

Su maestro Lucio Marineo Sículo era algo avanzado para la época, tenía alumnas mujeres estudiantes y reconocía que eran buenas, pero tenía claro que eran las inspiradoras de los héroes y no heroínas por derecho propio.

La verdad es que he encontrado muy poca documentación sobre Juana pero desde luego creo que fue la primera en intentar usar un lenguaje no sexista e inclusivo para las mujeres. Siglos después el debate sigue abierto con propuestas de todo tipo, la famosa arroba (@), poner una paréntesis (héroe (ina)), poniendo una x donde debería estar la vocal Todxs,  la barra nosotros/as, etc… personalmente al escribir intento buscar genéricos que incluyan a los dos sexos; si se quiere se puede porque existen formulas para hacerlo. 

Las chicas del 27

─¿Qué es la generación del 27?,

─Una brillante promoción de la literatura española que se dieron a conocer en el panorama cultural alrededor de ese año.

─¿Me podrías citar a alguien de esta generación?

─Claro, Jorge Guillén, Rafael Alberti, Federico García Lorca, Pedro Salinas, Dámaso Alonso, Gerardo Diego, Luis Cernuda, Vicente Aleixandre …

─ Perdona ¿No había mujeres?

─ Déjame que piense, creo que estaba María Teresa León, la mujer de Alberti.

Por supuesto que estaba ella, escritora por derecho propio sin la coletilla de mujer de, y algunas otras más. Se les conocía por el nombre de las Sinsombrero, hay que tener en cuenta que en aquella época el sombrero era un respetable complemento de las buenas señoritas e ir sin él todo un desafío. Este grupo estaba formado por mujeres que se perdieron para siempre en el olvido, en parte por el exilio al que se vieron sometidas después de la Guerra Civil Española pero también por el machismo de algunos de sus compañeros que no las deseaban dentro del grupo.

Ellas eran escritoras, filósofas, escultoras, poetisas o actrices que tenían como objetivo común combatir una sociedad que consideraba que una mujer, por el simple hecho de serlo, no podía dedicarse a nada.

Estas son aquellas mujeres:

 Maruja Mallo: pintora surrealista de la que Andy Warhol dijo que sus retratos eran un claro precedente del Pop Art norteamericano. Regresó del exilio en 1965 y se instaló en Madrid, donde siguió pintando hasta su muerte en 1995. Al volver a España no encajó en el mediocre medio cultural de la época y ni ella, ni su obra, tuvieron el reconocimiento que se merecía.  Mujer vitalista en los años de la célebre Movida madrileña de los ochenta asistía a algunos de sus actos; su aspecto extravagante hacia que algunos simplementela vieran como una vieja excéntrica, solo con su fallecimiento consiguió el reconocimiento tanto institucional como público. 

Rosario de Velasco: su pintura era figurativa. Una vez terminada la Guerra Civil Española la familia se estableció definitivamente en Barcelona y ella inició una intensa actividad pictórica. Bohemia y estrafalaria en el vestir, se mantuvo siempre alejada de las corrientes artísticas.  Fue la ilustradora de Cuentos para soñar de María Teresa León (1928) y Princesas del martirio de Concha Espina. Murió en Barcelona en 1991.

 Marga Gil Roësset: una escultora con un gran talento, algunos, que no comprendían que una mujer alcanzara tan altas cotas de genialidad, virilizaron su talento. ¡Inepto machismo!   Tan solo con 24 años ya era conocida como escultora e ilustradora, nacional e internacionalmente. El matrimonio formado por Juan Ramón Jiménez y Zenobia Camprubí la presentó al mundo intelectual y mantuvieron con ella una estrecha relación tanto creativa como personal. Fue en julio de 1932, y previa destrucción de la mayor parte de su obra artística, cuando se quitó la vida. Fue una de sus hermanas, Consuelo, quien logró salvar algunos de sus trabajos además de un diario personal. Actualmente sigue siendo una artista olvidada para el gran público.

María Zambrano:​  Una de las más conocidas del grupo así como la que mayor reconocimiento popular ha tenido. Fue pensadora, filósofa y ensayista. Su obra, no fue reconocida en España hasta el último cuarto del siglo XX, tras un largo exilio. Según la enciclopedia de filosofía de Oxford María “es la figura femenina más importante del pensamiento español del siglo XX”.

 María Teresa León: Tuvo dificultades por su interés en proseguir los estudios más allá de los estipulados catorce años pero, pese a los obstáculos, logró licenciarse en Filosofía y Letras. Escribió teatro, novelas, cuentos y guiones cinematográficos… fue, por derecho propio, mucho más que la compañera de Rafael Alberti. Regresó a España en abril de 1977 con un incipiente Alzheimer; ingresada en un sanatorio cercano a Madrid murió en diciembre de 1988. Quienes la conocieron dicen que era inteligente, sensible, cordial, valiente y discreta.

 Josefina de la Torre: fue poetisa, novelista, cantante lírica y actriz. Su obra literaria es escasa aunque de gran calidad. Mujer vanguardista, polifacética, cosmopolita y activa conducía su propio automóvil. Para ella su poesía está unida a sus recuerdos, su infancia, su isla y todo su mundo interior. Así su obra se centra en temas como la infancia, la muerte y la soledad, pero entre todos destaca uno en especial: el paisaje insular, el mar y la playa, dentro de la tradición poética canaria, su tierra natal. Murió en el año 2002 en Madrid.

 Rosa Chacel: Escritora de Novela, cuentos, poesía, ensayo, traducciones etc… comenzó a tener reconocimiento oficial poco después de su regreso definitivo a España. Se puede considerar que al recibir el Premio de la Crítica en 1976 por su obra Barrio de Maravillas, es cuando se produce el reconocimiento amplio de su obra. Murió en Madrid en 1994.

Ernestina de Champourcín: Desde niña tuvo una clara vocación literaria, con veintiún años publicó su primer poemario, con una línea intimista que nunca abandonaría durante su larga carrera como poetisa. Al iniciarse la Guerra Civil Española trabajó como enfermera, hecho que le causó un gran impacto y que influyó en toda su obra posterior. Al finalizar la contienda se exilió con su marido a Toulouse, París y México. No regresó a España hasta el año 1973. Pasados los noventa años todavía seguía escribiendo aunque lejos del tumulto literario. En sus últimos años se acercó al fervor religioso de su niñez y se aproximó al Opus Dei. Murió en Madrid en 1999.

Concha Méndez: le dijo a un familiar que quería ser escritora y la respuesta que recibió fue que las niñas no podían ser nada. Su obra poética está recogida en Poemas 1926-1986, edición preparada por el marido de su hija Paloma, el profesor James Valender. En 1991 se publicaron sus Memorias habladas, memorias armadas, obra agrupada a partir de unas cintas que había ido grabando su nieta, Paloma Ulacia Altolaguirre.

Margarita Manso: pintora, estudiante de arte y cosmopolita, una más de esas mujeres modernas de la España de los años 20 y 30. Su carácter transgresor la afianzó en los ambientes intelectuales de la capital. A pesar de su mentalidad liberal se enamoró de un falangista: Alfonso Ponce de León, con el que se casó en 1933, pero su matrimonio no duró mucho, ya que murió asesinado al comienzo de la Guerra Civil. Este suceso la cambió para siempre, más tarde se casa con el doctor Enrique Conde Gargollo, un médico de fuertes convicciones franquistas, y Margarita, en la España gris de la dictadura, se volvió una mujer devota y falangista hasta el punto de esconder su pasado y ocultar su amistad con Dalí o Lorca. Murió en 1960, relativamente joven, de un cáncer de mama.

Ángeles Santos: Pintora y artista gráfica iniciada entre el surrealismo y el expresionismo, evolucionó hacia el postimpresionismo con temas de paisaje e interiores. En 2004 recibió la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes y un año después, la Cruz de Sant Jordi de la Generalitat de Cataluña. El ayuntamiento de Majadahonda, donde residía, bautizó en el 2008 la sala de exposiciones de su Casa de la Cultura con su nombre. Murió en Madrid en 2013.

Todas ellas fueron mujeres libres y trasgresoras, a las que se les condenó a un inmerecido olvido.  Tal vez si las cosas hubieran ido de otra manera estarían formando parte de nuestra memoria colectiva artística y hubiéramos  estudiado su trabajo, al igual que el de sus compañeros, en los libros de texto. Por suerte ahora sus rostros, y su obra, emergen como figuras imprescindibles de aquella generación del 27. Hay que quitarse el sombrero por ellas.

María Lejárraga, una escritora sin identidad

Se llamaba María de la O Lejárraga García, y en su vida literaria se la conoció con el seudónimo de María Martínez Sierra, formado por su nombre y los apellidos de su marido, Gregorio Martínez Sierra.  Algo poco común en una cultura en la que la mujer no adopta el apellido de su esposo, y más en ella, que fue una de esas mujeres brillante, y feministas,  de principios del siglo XX y a las que la Guerra Civil Española, y el posterior exilio, truncaron la vida.

A lo largo de su carrera María fue una trabajadora incansable: teatro, novela, ensayos y traducciones, pero ni en una sola de las portadas de los libros escritos por ella está su nombre porque ese lugar lo ocupaba el de su marido: Gregorio Martínez Sierra. Él se llevaba los laureles aunque era un secreto a voces que su mujer era su “negra”. Incluso este hombre pronunciaba airados discursos feministas, Libro de cartas a las mujeres de España, donde se animaba a la libertad e independencia femenina, indudablemente escritos por María Lejárraga.

La célebre obra de teatro Canción de cuna, estrenada en 1911 en el teatro Lara de Madrid y llevada varias veces al cine, la letra de El amor brujo, estrenado en 1915 con música de Manuel de Falla o el libreto de El sombrero de tres picos  que vio la luz en 1917, son piezas escritas por María y que, aún hoy en día, se atribuyen a su marido; si bien en algunos casos, de manera generosa, conceden la autoría conjunta al matrimonio.

Sobrepasando los límites de la ficción Gregorio se enamoró de una compañera de trabajo la actriz Catalina Bárcena. María lo sabía y se creó un trío, en el que ella escribía, su marido se llevaba la gloria de su escritura y dirigía la obra de teatro y la amante interpretaba, con éxito, las palabras escritas por la esposa.  Y mientras esto sucedía ella, mujer feminista que arengaba a las mujeres a luchar por su independencia,   seguía escondiendo su nombre.

Ese extraño terceto se rompió con el nacimiento de una hija de la actriz y Gregorio.  La separación del matrimonio fue meramente informal ya que María siguió escribiendo y su marido firmando por ella. Nunca se divorciaron, de la misma manera que Catalina Bárcena tampoco lo hizo de su esposo, el actor Ricardo Vargas, con el que se casó para que su primer hijo, Fernando, tuviera un padre legítimo ya que el biológico, Fernando Díaz de Mendoza, estaba casado con la actriz María Guerrero, quien había amparado a Catalina como discípula durante sus primeros años de su carrera.

María Lejárraga siguió en la sombra hasta la muerte de su marido Gregorio, en 1947, y solo cuando la hija de Catalina reclama los derechos de autor de su padre María reacciona.  Vivía en el exilio y pasaba apuros económicos, fue entonces cuando escribe, Gregorio y yo, publicado en 1953, una autobiografía en la que confiesa una verdad que se sabía a voces: ella era la autora de la obra firmada por su marido.

Falleció en 1974, en Buenos Aires, cuando le faltaban algunos meses para cumplir los 100 años y seguía trabajando.  Está enterrada en el famoso Cementerio de La Chacarita.

Recuperar su nombre en las obras que escribió sería un reconocimiento para las letras españolas escritas con nombre de mujer.

El coraje de crear

Hay una frase con la me identifico plenamente: La creatividad requiere coraje. Fue pronunciada por Henri Matisse, uno de los grandes pintores del arte moderno. Desde luego no le faltaba ni un ápice de razón; en un mundo donde vales lo que posees, y no lo que aportas, dedicarse a la escritura, la pintura, la escultura, el cine etc… es un acto que requiere de mucha fuerza interior ya que no siempre se entiende.

Los que hemos hecho de la creación nuestra profesión apostamos mucho y los hay que ganan, pero también los que pierden todo. El oficio del creador es una ruleta rusa de emociones, la meta es la cima, pero mientras escalas la montaña eres totalmente consciente de que estás arriesgando a caer en una profunda sima antes de alcanzar la cumbre.

Los creadores tenemos coraje, pero ese arrojo siempre lo aliñamos con valentía, pasión por lo que hacemos, muchísimo trabajo y también, por qué no, con un punto de locura. Y aunque solo se pueda tocar la cumbre durante unos segundos para los que sentimos pasión por crear el esfuerzo, el dolor, la incertidumbre, la incomprensión… nos merece la pena, por eso lo realizamos todos los días de nuestra vida.

Instantes

¿Sabes que tengo un blog en el que escribo  pequeñas historias? las imagino cuando voy en el metro, paseo por las calles,  ando entre los árboles del bosque o los extensos arenales que baña el mar Cantábrico. Apunto, en una libreta,  las palabras que llegan a mi mente  para no olvidarme de ellas, y más tarde las voy dando forma.

¿Te gustaría leerlos? solo tienes que seguir el enlace que te dejo aquí y te llevará directamente a ellos. Y ya sabes que si te gustan solo tienes que seguir ese blog  para recibirlos en cuanto los publico. 

https://miescrituracreativa.wordpress.com/te-cuento/

Mujeres en la sombra: compañeras de escritores

Virginia Woolf revindicó para las mujeres una habitación propia, afortunadamente muchas de nosotras, aunque quizá no tengamos una estancia nuestra, contamos con un pequeño rincón donde escribir. Pero lo que la gran mayoría nos falta es un compañero que sea nuestro secretario, amo de casa, criador de hijos,  asistente personal, economista, chófer, psiquiatra y apoyo en nuestro proceso creativo.

Todo eso han sido, a la largo de la historia, muchas mujeres para sus compañeros escritores. Dejando a un lado su propia vida ellas consiguieron, con infinita paciencia, alejarlos de la realidad cotidiana  para que se pudieran centrar en su creación. Ellos han entrado en la historia de la literatura, ellas simplemente han sido sus compañeras.

No una sino tres fueron las esposas de Herman Hesse, María Bernoulli, Ruth Wenger y Ninon Dolbin. El escritor siempre las desprestigió porque, decía, era incapaz de amar. María era pianista y una pionera de la fotografía, dejo su trabajo para que él pudiera escribir y viajar. Ella era su cocinera, la secretaria que pasaba a limpio sus manuscritos, madre de sus hijos y, sobre todo, quien le organizaba su vida. Acabó en un psiquiátrico. Ruth, la segunda, era muy joven cuando se unió a él y nunca recibió de su marido una muestra de cariño, dicen que su matrimonio nunca fue consumado, su relación se limitaba a obedecer sus dictados; enferma de tuberculosis Hesse no le atendió durante la enfermedad.  La tercera esposa, Ninon, fue la relación más duradera y la que se encargó de su legado literario. Enamorada de él  toda su vida supo esperar pacientemente su turno aunque su paciencia no fue recompensada con amor, ni siquiera con respeto, su marido no la trato mejor que a sus anteriores esposas.

Vladimir Nabokov no sabía escribir a máquina pero no importaba demasiado porque tenía a su esposa, Véra, para mecanografiar su palabras mientras él la dictaba.   Ella era una mujer culta y curiosa que abandono su carrera por la de su marido. Le perdonó infidelidades y su propia explotación. También fue la que salvó a Lolita de las llamas cuando el escritor, en un arranque de frustración, decidió arrojarlo a la chimenea. Él simplemente se dejó querer.

Anna Snítkina estaba enamorada de las novelas de Dostoievski y soñaba con ayudarlo después de su exilió. Ella tenía 20 años, el 45. Ella fue su secretaria y su compañera, la que hizo malabares para sobrellevar las penurias de los últimos años después de que el dilapidaría la fortuna familiar. Nunca le recrimino su afición al juego porque lo consideraba una enfermedad. Al quedarse viuda se dedicó a publicar sus obras y al museo del escritor. Nunca se volvió a casar.

Su compatriota Sofía Behrs era escritora y fotógrafa. Conoció a Tolstói con 18 años cuando él ya era un autor conocido. Ella pasó por trece embarazos, él no quería los anticonceptivos, y sobrevivieron ocho hijos; se ocupó de las finanzas y la promoción de la obra de su marido, incluso llego a copiar siete veces el manuscrito de Guerra y Paz. El escritor donó todos sus bienes y derechos a la humanidad en vez de hacerlo a su familia. Tolstoi la abandono cuando tenía 81 años, murió 10 días más tarde. Ella lo hizo poco después.

La fiel Zenobia Camprubí, pareja de Juan Ramón Jiménez, vivió para la obra del poeta, un hombre con una rica vida interior al que le gustaba aislarse.  Ella fue mucho más que su esposa, se convirtió en su costurera, su cocinera, su agente, su traductora y dejo al lado su talento para que el de su marido pudiera surgir.

Patricia, la esposa de un joven Mario Vargas Llosa, para que pudiera vivir su escritura era quien resolvía los problemas cotidianos, se encargaba de la economía, del orden del hogar y alejaba a los intrusos para que no le molestasen. Una tarea que también realizaba Mercedes, esposa de Gabriel García Márquez, y que ni siquiera fue nombrada en su discurso del nobel, pero posiblemente si ella no hubiera estado a su lado nunca hubiese obtenido ese premio. Ella fue la intendencia y la razón en el mundo del  realismo mágico del escritor.

Esas mujeres son algunas esposas de escritores conocidos, posiblemente su obras no serían las que son si hubieran debido escribir entre gritos infantiles, acuciados para poner comida sobre la mesa, sin poder viajar libremente para encontrar la inspiración, con las preocupaciones cotidianas de “se ha roto la lavadora o no me llega para pagar el recibo de la luz” . Ellos volaron al paraíso de la creación  porque sus compañeras tenían los pies en la tierra;  aunque para ello se convirtiesen simplemente en sombras.

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La edad y la escritura

Una persona puede no escribir, en su juventud o en su madurez, por falta de tiempo, miedo a no saber expresarse, sentirse incapaz de ordenar sus ideas o simplemente como decía Saramago, “cuando no se tiene algo que decir lo mejor es callar”. Aunque sinceramente nadie se levanta un día y decide escribir una novela, así sin más, la semilla de la escritura se debe estar sembrada para que germine.  La edad a la que lo haga es relativa.

Todo el mundo conoce a Frankenstein y a la madre de la criatura, la británica Mary Shelley, que lo concibió con apenas 21 años. El autor de la famosa American Psycho, Bret Easton Ellis, publicó su primera novela, Menos que Cero, también a los 21 años. El autor de Crónicas Marcianas, publico el libro con 30 años, pero ya con 18 Ray Bradbury comenzó a publicar sus cuentos y con solo 20 hizo una recopilación de sus relatos. Thomas Mann ganó el Nobel de Literatura con 29 años, y con solo 25 ya había publicado Los Buddenbrook. Confesiones de una máscara fue publicada cuando su autor, Yukio Mishima, tenía 23 años. El poeta francés Rimbaud creo toda su obra entre los 17 y los 20 años, después abandonó la escritura para siempre.

Por el contrario Bram Stoker, publicó su primer libro con 43 años y con 50,  su celebré Drácula pasó a la historia de la literatura. Raymond Charler perdió su trabajo a causa de la Gran depresión del 29, lejos de deprimirse comenzó a escribir historias y con 44 años escribió “El sueño Eterno”. El marqués de Sade hizo suya la premisa de “vivir primero y escribir después”, con 47 años fue encarcelado por depravación en La Bastilla y allí comenzó a escribir; su primera obra, Justine, se publicó cuando él tenía 51. La célebre novela Memorias de África se publicó cuando su autora, Isak Dinisen, tenía más de 50 años, no empezó a escribir hasta que volvió de África a su Dinamarca natal, y pasaba ya de los 46 años.  Casino Royal se publicó cuando su autor Ian Fleming tenía 44 años, 59 tenía Daniel Dafoe cuando Robinson Crusoe vio la luz;  Penelope Fizgerald inició su carrera literaria con 51 años, con una biografía del pintor Edward Coley Burne-Jones,  y dos años después, aparece su primera novela, The Golden Child; y  Frank McCourt, Las cenizas de Ángela, no empezó a escribir hasta que llego a la edad de jubilación.

La primera novela de José Saramago no obtuvo demasiado éxito y espero hasta tener sesenta años para volver a intentarlo. Dieciséis años después consiguió le nobel de literatura por “su capacidad para volver comprensible una realidad huidiza, con parábolas sostenidas por la imaginación, la compasión y la ironía”.

¿Puede una persona con veinte años escribir una novela? ¿Se puede ser a los setenta un escritor/a novel? Vistos esos ejemplos la edad no tiene nada que ver con la calidad literaria. Nunca es tarde, ni demasiado pronto, si la dicha es buena; y en muchos casos es genial.

 

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Invisibles: las mujeres escritoras en el boom latinoamericano

Si alguien nos pregunta nombres del boom de la literatura latinoamericana enseguida diríamos Gabriel García Márquez, Julio Cortazar, Vargas Llosa, Carlos fuentes… icónicos escritores del realismo mágico, todos hombres ¿Las mujeres no escribían en aquella época? Por supuesto que lo hacían pero el machismo imperante en la sociedad, en las editoriales, entre los propios escritores y en los medios de comunicación, las asfixió para intentar relegarlas al olvido.

Afortunadamente, con el paso del tiempo,  y los estudios con perspectiva de género, algunas de aquellas mujeres a las que quisieron hacer invisibles están saliendo a la luz. Más vale tarde que nunca como dice el refrán así que aquí están algunas de ellas.

Clarice Lispectorde Brasileña, hija de refugiados ucranianos judíos. Mujer y madre escribía cuando podía; para ganarse la vida redactaba una columna, con seudónimo,  en la que daba consejos de belleza y cocina  aunque a ella eso le importara un pimiento y estaba mucho más interesada en encontrar esa palabra clave que llevarían a sus escritos más allá del lenguaje.

Elena Garro malvivió durante los últimos años de su vida, junto a su hija, su perra y un montón de gatos, en México. No tenía un duro, estaba enferma y pasaba hambre. La editorial Drácena promocionó su última reedición de su obra “Reencuentro de personajes” de la siguiente manera: “Mujer de Octavio Paz, amante de Bioy Casares, inspiradora de García Márquez y admirada por Borges”.  No sucedió en el siglo pasado sino en el año 2016. Fueron miles las voces que se alzaron contra esa frase machista que no veía a una escritora, sino una relación de una mujer con diferentes hombres insignes. La editorial retiró esa publicidad.

¿Hubiera promocionado un libro de Vargas Llosa diciendo: marido de la tía Julia, peleado con García Márquez y amante de Isabel Presley? lo dudo.

La mexicana Rosario Castellanos escribió poesía, novelas, ensayos y artículos. Sus escritos hablan de infancia desdichada, abortos, de la muerte de una hija y de su amor toxico. También habló de las mujeres en un mundo de hombres o de la opresión en Chiapas. Muchos la tildaron de provinciana.

María Luisa Bombal redactó una novela “la amortajada” dieciséis años antes que Juan Rulfo escribiera su famosa obra “Pedro Paramo”, una novela que convirtió al escritor en uno de los del boom latinoamericano; de ella quedó el recuerdo de su alcoholismo, sus intentos de suicidio y sus relaciones tormentosas. Su obra fue breve en extensión y se centró en personajes femeninos y su mundo interior. Sólo cuando han pasado casi veinte años desde su muerte los estudios de género están dando valor a su obra. Sin la novela de María Luisa no existiría la de Juan. Todos conocen la obra de Juan Rulfo, pocos la de María Luisa Bombal.

La escritora Silvina Ocampo publicó su primer libro en 1937, fue “Viaje Olvidado”; el ultimo, publicado póstumamente, en 2006 “Las Repeticiones”. Una gran cuentista se la conocía más por ser esposa de Adolfo Bioy Casares, amiga de Borges y hermana de Victoria Ocampo; afortunadamente su figura ha sido revindicada y está considera una de las grandes escritoras argentinas de siglo XX.

La colombiana Albalucía Ángel tuvo una fuerte implicación en el boom latinoamericano pero nunca estuvo dentro de él. Su obra más representativa es “Estaba la pájara pinta sentada en el verde limón”, su obra paso desapercibida, no recibió el apoyo de la crítica, ni de editoriales, que tuvieron sus colegas hombres, por lo tanto no tuvo mucho éxito comercial y, como otras muchas escritoras latinoamericanas de la época, es  una mujer  escritora olvidada.

La novelista Nélida Piñón ha sido reconocida en muchas ocasiones, y ha declarado, con sorna, que los hombres dicen no tener interés en lo que escriben las mujeres y prefieren decir que no las han leído; aunque lo que en realidad no desean es declarar públicamente su talento.

Vistos algunos sangrantes ejemplos no anda descaminada.

 

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El Booktrailer en la novela

Un booktrailer es un vídeo de corta duración, que al igual que un trailer de una película, intenta captar la atención, en este caso,  del futuro lector de una novela. Nacieron en el arduo mundo editorial digital donde numerosas obras salen al mercado, tanto de editoriales como de de autores autopublicados,  y es complicado que la obra destaque.

El técnica para su realización es sencilla: unir palabras e  imágenes mediante técnicas cinematográficas.  No hay reglas para el acabo final, en algunos se van pasando imágenes fijas con texto y música; otros tienen animaciones y en ocasiones son verdadera películas con actores y escenografías reales.  El limite es el presupuesto y la imaginación.

Lo que siempre se debe tener en cuenta es que un booktrailer debe atraer pero sin revelar nada y sobre todo debe crear la intriga necesaria para que el potencial lector compre el libro.

Algunos autores no dan demasiada importancia a esta forma de promoción, e incluso son contrarios a ella, personalmente creo que son un método excelente de marketing  y disfruto mucho creando el guión.

Booktrailer de EL LATIDO DE ÁFRICA